El juego de
Roddick siempre se ha caracterizado
por su poder, velocidad y coraje, pero en Miami vimos
que es un factor diferente el que está haciendo
que el tenista estadounidense produzca el mejor tenis
de su carrera.
Fue su cerebro y su inteligencia en la cancha lo
que lo “sacó del hoyo” cuando iba
perdiendo contra Rafa Nadal en las
semifinales. Después de perder el primer set
6-4, Roddick decidió no quedarse en el fondo
de la cancha y aprovechar los tiros cortos de Nadal
para atacar la red, capitalizando de esa prodigiosa
volea que lo llevó a ser finalista en dos ocasiones
en Wimbledon.
¿Qué se siente atacar la derecha de
Nadal? “Es como manejar en sentido contrario,”
dijo Roddick. Pero al fin y al cabo funcionó,
pues Andy empezó a soltarse con sus saques
ases y sus derechas turbo-cargadas que lo llevaron
a ganar el match, 4-6, 6-3, 6-3.
El cerebro estratégico de Roddick también
predominó en la final contra Tomás
Berdych, el tenista checo mata-gigantes que
eliminó a Roger Federer, Fernando Verdasco
y Robin Soderling. “Fui inteligente,
tocando la bola y mezclando los ritmos (…) jugué
un torneo muy inteligente”, declaro Andy tras
ganar la final.
Larry Stefanki, coach de Roddick,
habló de un “efecto secundario”
que tuvo el jugar con inteligencia, señalando
que lo primero que le había dicho a Roddick
después de su victoria, fue “Esto es
lo más libre y suelto que has jugado desde
que tenías 20 años.”
Ahora Roddick está exhibiendo precisamente
los factores que hacen que se ganen Gran Slams:
inteligencia estratégica, coraje y el jugar
como si uno tuviera 20 años—si esto parece
muy fantasioso, pregúntenle a Del Potro.
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